NOTICIAS

-
-
-
-

 

 

___________________________________

 

 

 

____________________________

 

IV Centenario Corral de Comedias. 1606 - 2006

 

Los documentos que los expertos han estudiado coinciden en el año de estreno del Corral de Comedias de Zamora: 1606. Parece ser que las comedias que se venían representando en el Hospital Sotelo, precisamente para ayudar al socorro de los enfermos, producían más perjuicios que beneficios, así que entre unos y otros acuerdan construir un Patio de Comedias en el solar del que fue convento de Santa Paula. Todos los documentos y demás curiosidades se pondrán al alcance de los zamoranos a través de distintos soportes documentales, a fin de que todos conozcan cómo se gestó y cuál ha sido la historia de nuestro pequeño teatro desde entonces hasta la fecha.

En cualquier caso, por una causa o por otra, el Corral de Comedias, era ya una denominación que se venía usando en el resto de España para designar a aquellos patios en los que se hacían representaciones teatrales, por tanto, más pronto o más tarde, Zamora también tendría su Corral. Pero desde entonces hasta ahora, ha transcurrido un tiempo en el que la mayoría de los corrales han desaparecido y el Teatro Principal de Zamora resulta ser uno de los pocos que mantiene entre sus paredes la estructura original de aquel lugar de comedias de comienzos del S.XVII.

Desde el mismo escenario que ahora conocemos, parece que en su misma posición, los cómicos, los danzantes y los músicos han estado recreando la vida para los zamoranos durante generaciones. Y el público, el que se sentaba entonces en la misma disposición que ahora se sienta, ha estado escuchando, día a día, año a año, las historias que les ofrecían desde la escena. Seguramente serán innumerables las anécdotas, los problemas, las vicisitudes que saldrán a la luz en este año en que queremos conmemorar esta efeméride. Resumiremos algo de todo ello en las exposiciones que pensamos hacer.

Pero hay un asunto que sí me gustaría exponer desde este escrito y que me parece que es primordial para entender cómo este teatro, en esta antigua ciudad, ha podido permanecer abierto. Siempre que se escribe de arte en general y de teatro en particular, se habla de artistas: quiénes, cómo, cuándo, por qué. Siempre parece que las obras de arte y los espectáculos fueran los únicos protagonistas del acontecimiento que permite al hombre, al ser humano, encontrar vías de expresión para explicarse la vida, y sobre todo para contársela a otros. Pero, en este caso, los otros no aparecen, los otros son ustedes, el público.

Las instituciones otorgan dinero para compañías, para con ello favorecer la creatividad, compran cuadros a pintores, en fin, invierten ahora como antes. Hace siglos fueron los magnates, o la Iglesia los que compraron las creaciones de los artistas.

En todos los casos, unos seres anónimos escuchaban la música, veían los cuadros, aplaudían las representaciones. Entonces, como ahora, el público ya estaba servido con, a cambio de su entrada, poder expresar su agrado o desagrado, durante o al final de la representación. Pero eso no hace que un teatro permanezca cuatro siglos en pie. Para que un teatro como éste siga en funcionamiento, hace falta la perseverancia del público, la complicidad del público.

El cariño de unos espectadores que, a pesar de haber sufrido una y otra vez los rigores de las malas funciones, o de los malos conciertos, han seguido asistiendo a su teatro una y otra vez, con la fe del que cree que un día verá algo maravilloso, un milagro de representación que pueda recordar. Una y otra vez, sin desmayo, esperando la gracia de la verdadera creación artística. Y es que, para que exista el teatro, sólo hacen falta dos: actor y espectador. Uno y otro se necesitan.Uno no es nada sin el otro. Que no vengan con cuentos.

Ya sabemos que los artistas son maravillosos, que son sensibles y estupendos, que cuentan sus cosas en las radios y en los periódicos. Pero únicamente lo son en la medida que lo es su público. No son nadie sin público. Estas palabras están dirigidas, con un enorme agradecimiento a ese público, a esos espectadores que en las tardes y noches de los largos años transcurridos, han acudido al local de la calle de San Vicente esperando el milagro. Que sepan, que sepáis, que el milagro sois vosotros, antes que nadie, puesto que antes de que salgan los actores ya estáis vosotros sentados, esperando.

Gracias de todo corazón por poner vuestra esperanza en la obra de arte, en la obra bien hecha a lo largo de todo este tiempo.

(*) Director del Teatro Principal de Zamora